La memoria del gintonic

Autor: Antonio Báez
Colección Cortoletrajes
1ª edición: septiembre, 2011
ISBN: 9788493765972
PVP: 12 €
 
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Novela prologada por Cristina Cerradas y Leonor Sánchez
Este volumen recoge dos relatos, El regalo y Banquete, y una novelita titulada La memoria del gintonic, que giran en torno a algunos asuntos recurrentes en mis historias: los vacíos, las pérdidas y las ausencias, en este caso relacionadas con el desgaste del tiempo. Voy a contar algo. Un día quise ser esa Eulogia protagonista de La memoria, una mujer de 70 años, y no se me ocurrió otra cosa que matricularla en un curso de novela a distancia, en el que no me fue difícil presentarme como si fuese ella. Empecé a escribir los primeros capítulos y cada mes le enviaba lo que había hecho a Cristina Cerrada, que parece que pronto sospechó y empezó a pensar que tras Eulogia había otra persona.  Flaubert dijo que Madame Bovary era él. ¿Era yo Eulogia? A mi parecer se escribe siempre desde y sobre la propia ficción. Eulogia es una mujer con mis cositas, se podría decir, después de pasar unos meses inventándomela. Me gusta pensar que mi trabajo literario se hace con materiales de derribo, de desecho y que los reciclo para componer una cosa diferente, al menos modificada, que pocas veces sé de antemano qué va a ser. Para escribir no uso apuntes, diseños o esquemas previos e intento que las ideas sean elementales. Por ese motivo los desarrollos tienden a la brevedad. La literatura que me interesa sirve para desalojar, despojar y vaciar ciertas habitaciones imaginarias llenas de trastos inútiles, no sé si habré conseguido algo así, pero ya me gustaría.  Es curioso: Eulogia, la protagonista de La memoria del gintonic salió de mi cabeza, donde nunca estuvo. Banquete y El regalo desequilibran el volumen, lo vuelcan un poco hacia el placer y la libertad que supone para mí escribir.

Una novela llena de ternura y de inevitabilidad. De ironía. Dolorosa, alegre y profunda. Una novela sobre el olvido, pero, sobre todo, una estampa certera sobre la familia, sobre el hecho de envejecer. Con tanta sinceridad y exactitud que a muchos nos resonará y hará temblar ciertas membranas internas. Y nos dejará con esa placentera desazón de cuando, al leer, alguien nos da de lleno en el centro de la herida.
El ritmo de la narración es excelente. Los diálogos, breves, agudos, están construidos con esa falsa naturalidad que los hace muy literarios. Pero, sobre todo, los personajes. Cada uno es una ventana entreabierta, desde la que se puede atisbar un paisaje profundo, un paisaje para que la imaginación desgrane poco a poco. En especial Eulogia, que tiene todo lo que debe tener para que, conforme la conocemos, percibamos incluso su olor y la textura de su voz.
Eulogia podría ser cualquiera de nosotros, o cualquiera de nosotros podría llegar a ser Eulogia; cualquiera que reúna la ternura, la mala leche, el deseo oculto, las frustraciones, la ilusión, las contradicciones, la tristeza, la suma de los años, muchas pérdidas, algún muerto... Cualquiera que se haya sentido aislado alguna vez y se haya descubierto a sí mismo buscando consuelo en la evidencia de que casi todos somos necios e ignorantes; de que, en efecto, la gente es muy bruta.
(Cristina Cerrada y Leonor Sánchez)

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